viernes, 15 de mayo de 2015

Madeira - espectacular

                     La Región Autónoma de Madeira es un archipiélago atlántico perteneciente a Portugal. Consta de dos islas habitadas, Madeira y porto Santo, y tres pequeñas islas deshabitadas, llamadas Islas Desertas, que, junto con las Islas Salvajes, forman la Región Autónoma de Madeira. A 400 km de Tenerife, y casi equidistante entre Lisboa (860km) y de la isla de Santa María (770km), es la más cercana del archipiélago de las Azores. De origen volcánico, la isla de Madeira está formada en su interior por un macizo montañoso que desciende abruptamente al mar. El Pico Ruivo es el más alto con 1862 m.s.n.m., seguido por el Pico de Ariero con 1810 m.s.n.m. Madeira es la mayor de las islas, con una superficie de 741 km²; tiene 57 km de largo y un ancho máximo de 22 km. Las islas que ya eran conocidas por los romanos, fueron redescubiertas por los portugueses, Tristao Vaz Teixeira y  Joao Gonçalvez en 1418 y 1419. En la isla de Madeira se encuentran restos del original bosque húmedo típico de la Macronesia. Los bosques de Laurisilva de Madeira que hace siglos cubrían casi toda isla, fueron declarados Patrimonio de Humanidad en 1999. La isla posee mucha fauna y flora endémica. Debido al suave clima subtropical oceánico influido por la corriente de Golfo de México, las aguas templadas rodean la isla manteniéndola con temperaturas entre 17 y 26ºC. No es de extrañar que con este clima y abundantes lluvias, Madeira esté tapizada en verde, con todos sus matices. La población de Madeira es de 260.000 habitantes y su capital y principal ciudad es Funchal (algo más de 100.000 habitantes), situada en la costa sur de la isla. 


Funchal


casi todo son cuestas

toda la ciudad esta ubicada sobre las colinas

                      Es una ciudad muy cuidada, ordenada y limpia, ubicada en la ladera de la montaña, lo que significa que casi siempre estamos espectaculares. Madeira vive de, por y para el turismo, no en vano el 75% de la población se dedica a esta actividad, el 23% a la agricultura y pesca y el resto al sector primario. Son cientos de miles de visitantes los que llegan a lo largo de todo el año para disfrutar de su clima y de su belleza natural. Por la isla pasaron, entre otros famosos, la emperatriz Sissi, el emperador Carlos I de Austria, fallecido en moviéndonos o cuesta arriba o cuesta abajo. La ventaja es que las vistas son Funchal en 1924, o el primer ministro británico Winston Churchil. En Madeira todo está enfocado hacia el turismo. Aquí se pueden encontrar toda clase de servicios, desde los más básicos a los más sofisticados. Avistamientos de cetáceos, parapente, pistas de quads, fantásticos teleféricos, piscinas naturales, carreteras con vistas que quitan el hipo, pintorescos pueblos, bosques lluviosos, valles y montañas, una pista de aterrizaje de las más espectaculares del mundo, muy buena gastronomía y hasta…el  museo de Cristiano Ronaldo (oriundo de Funchal), de visita obligada para sus seguidores. 


la carretera que bordea la isla

unas vistas preciosas

                           Para visitar la isla lo mejor es alquilar un coche, cosa que hay que hacer con bastante antelación, ya que más que uno se ha quedado sin él, sobre todo en temporada alta. Las distancias no son muy grandes, las carreteras son buenas, pero debido a la orografía las rectas largas son muy difíciles de encontrar. 


Ribeira de Janela....y es una roca

espectacular costa

La isla no es cara, los precios son bastante razonables y en general todo es asequible. Una semana es suficiente para conocer todos los rincones de la isla. Los amantes de la playa deben tener en cuenta que la gran mayoría de la costa son acantilados y playas de piedra (una de las excepciones es la Playa de la Calheta). Tratandose de una isla del atlántico hay bastante olas y las mareas son muy pronunciadas. Es recomendable utilizar las numerosas piscinas naturales que están muy bien señalizadas y preparadas. 


Porto Moniz

piscinas naturales

hay varias como esta...

...y esta

Si el entorno satisface la vista, la gastronomía no se queda atrás para satisfacer este otro sentido tan importante. Entre los platos típicos se encuentran: el "espada preta" o pez sable combinado con plátano, la sopa de tomate y cebolla, la sopa de pescado (caldeirada), el atún con maíz frito  (bife de atum e milho frito), carne em vinha d’alho (puerco agrio con ajo), espetada (plato hecho a base de carne ensartada en un palo de laurel y cocido sobre brasas), bolo de mel (pastel de miel de Madeira) y, para acompañar las comidas, el bolo do caco (pan de trigo cocido en una placa de hierro, sobre brasas, que se toma untado con mantequilla de ajo y perejil), una auténtica delicia. Y con la comida, nada mejor que una botella de vino. La isla es un paraíso para los amantes del vino. Existen cuatro variedades según la altitud en que se planten las viñas: Sercial, el más seco, para el aperitivo; Verdelho, semi-seco; Boal, semi-dulce, para acompañar al queso; y Malvasía, dulce, para los postres. La Compañía de Vino de Madeira, el principal y más emblemático lugar para adquirir una botella de vino local, después de haber probado varias cosechas. Además de todas estas maravillas merece la pena visitar el Jardín Botánico, varios museos en Funchal o dar una vuelta a la isla en barco, contemplando la belleza de esta maravillosa tierra.

Porto Moniz

Serra de Agua

impresionantes montañas

Terra Grande

esta es otra manera de llegar a Madeira

Resumiendo: un destino altamente recomendable (abstenerse los amantes de las playas caribeñas). Un lugar precioso, asequible y accesible, con buenas conexiones aéreas y pocas horas de vuelo, fabuloso clima, verde a más no poder, con varios campos de golf para practicantes de este juego, muy buena planta hotelera, servicios adecuados y seguridad absoluta.  


P.D.
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martes, 18 de noviembre de 2014

piragüismo en Missouri y Arkansas (USA)

                     Esta vez algo totalmente distinto. Adiós a ciudades, urbes, civilización,teléfonos móviles, ordenadores, centros comerciales, coches, ruidos – bienvenidos a la naturaleza - sin internet, sin cobertura de móvil, sin tiendas y en vez de coches… canoas. Si, si, como las de los indios pero en vez de madera, hechas de fibra de carbono. ¿Y dónde todo esto?
En EE.UU. y para ser más exacto en los estados de Missouri y Arkansas. Fuimos 6 personas en 4 canoas (2 dobles y 2 individuales). De los seis, cinco eran habituales de los descensos de ríos y yo era el único que en la vida se había subido a una canoa. Hace muchos años sí que me subí a un kayak, pero en plan de recreo. Podría decir que aquella experiencia fue como “un paseo en el parque del Retiro de Madrid”. Y aquí me encontré en la orilla del rio Current en Missouri, dentro de Parque Nacional Ozark.                    
primer contacto con el río Current

agua cristalina
                            Un rio de casi 300 km de largo, no muy profundo, bastante manso, donde el agua baja a una velocidad de 5 – 10 km/h y con algunos rápidos, no muy importantes para los experimentados, pero que a mí me parecieron las cataratas del Niágara. Como la mayoría de este tipo de cosas en USA, todo está muy bien organizado. Se llega a un punto donde te alquilan las canoas (no es nada caro), subes a unas furgonetas que las remolcan y te llevan río arriba hasta uno de los puntos de embarque. Son varios y según la duración del descenso que uno quiere, te llevan a uno u otro. Nosotros elegimos un descenso de 4 días (en total unos 90 km). En el punto de embarque te entregan las canoas, unos sacos para la basura (que luego hay que devolver lleno con la que se ha generado durante la travesía), las palas para remar y… buen descenso. Como por el camino no se pasa por ninguna población hay que llevar provisiones de todo. Desde pan, agua (aunque la del rio es bebible), carnes y salchichas para barbacoa, cerveza, vinos, etc. Hasta un pequeño botiquín por si acaso, machete y hacha para cortar leña, cuerdas para atar los bultos a la canoa. Vamos, como cuando uno va a un campamento con tiendas de campaña. 
embarcando - hay que llevar las provisiones para todo el recorrido

                            Por mi parte, el dolor más grande de cabeza era qué hacer con el equipo de fotografía. Estaba seguro de que a la primera de cambio me encontraría con la canoa volcada y todo el equipo en el agua. Para asegurarme, me hice con un maletín especial estanco, resistente al agua incluso a 2 metros de profundidad. Esto solucionó en parte el problema. El otro era cómo sacar la cámara de fotos de este maletín, sentado en una canos poco estable (por lo menos para mí, al principio, aquello parecía un balancín) e intentar hacer una foto que no estuviera movida y a la vez, vigilar que el agua no salpicara el equipo, y sin olvidar que la canoa debía ir en la dirección correcta. Era cuestión de práctica, costó un poco pero lo conseguí. 
en marcha
                            No volqué ni una sola vez y tampoco hundí la cámara. Bien, después de atar todos los enseres a la canoa, salimos al rio. Primera impresión – que vamos a 50 km/h. Las ramas de los árboles, las piedras en el rio, los troncos caídos en el agua, aparecían cada rato y había que esquivarlos ya que cualquier contacto con ellos podía producir la caída. Así que durante las primeras 2-3 horas ni me acordé de las fotos, ni tampoco tengo muchos recuerdos del paisaje ya que estaba concentrado al 100% en mantenerme a flote y no perder los enseres. A partir de entonces ya me relajé un poquito, cogí el truco de manejo de la canoa y empezó el disfrute. 
primeras fotos

                            Después de años de trabajar, estar a diario entre multitud de gente, tráfico, prisas, teléfonos, noticias, TV, o sea rodeado de lo cotidiano, encontrarse uno en plena naturaleza donde no existe nada de esto, al principio resulta chocante. El silencio es total. No se oye nada salvo los sonidos de la naturaleza. Los pájaros, las hojas de los arboles mecidas por la brisa, el susurro del agua roto por los saltos de las truchas, el bramido de los ciervos. Y cuando para totalmente el aire, un poco antes del amanecer, desciende un silencio total que permite ya, no solamente escuchar el latido de tu propio corazón sino el mismo flujo de la sangre en la venas. Uno acaba de entender la palabra relax, paz, descanso, desconexión. Para los que les guste o quieran encontrarse consigo mismo, es un lugar perfecto. Yo, como ya me había encontrado conmigo mismo desde el mismo día en que nací, no necesité llegar hasta tanta profundidad de pensamientos, pero lo que es relax y desconexión – disfruté a lo máximo. 
relax absoluto

sin prisas
disfrutando todo el tiempo

                            Desayunar, almorzar y cenar al lado de una hoguera, asando las truchas recién pescadas, (hay que comprar una licencia de pesca para diferentes tramos del rio y la cantidad de peces es limitada) que prácticamente se suicidaban en el anzuelo no tiene precio. 
una parada para tomar una cerveza

aperitivo antes de cenar
una de trucha por favor

                           Lo curioso es que estando en el Parque Nacional, donde no tocan absolutamente nada y con esto se entiende que, por ejemplo, si cae un árbol atravesando un cauce y provocando un atasco que puede originar un cambio de la trayectoria del mismo, ahí se quedan el árbol y el atasco, sí se puede hacer una hoguera, se puede utilizar la madera, se puede hacer prácticamente todo, pero en caso de cualquier percance, la responsabilidad es tuya, con reparación de daños incluida. No hace falta decir que todo está muy limpio, nadie deja nada, todos cuidan sus fuegos, los apagan al terminar, recogen su basura y siguen su camino. 
el hipnotizante fuego de la hoguera
amanecer

preparando el fuego antes de desayunar

                          Al ser la primera vez que participaba en un descenso por río y quedar alucinado con ello, los 4 días me parecieron poco. Con un amigo decidimos prolongar el viaje y al llegar al lugar de partida donde dejamos las canoas y la basura, subimos al coche y nos dirigimos al estado de Arkansas. Desde allí, Buffalo Recreation Point, empezamos el descenso por el Buffalo River. Otros tres días para disfrutar quizás de una naturaleza más salvaje todavía. Tres días enteros sin ver un ser humano, sin oír el ruido de un coche, solamente nosotros dos y lo que nos rodeaba. Frondosos bosques, agua cristalina, animales y pájaros. 
camino hacia Buffalo River

Buffalo River









rodeados de fauna y flora

                         Completamente aislados del mundo. No existía noción del tiempo salvo la que nos recordaba el hambre y la luz del día y de la noche. El cielo lleno de estrellas parecía que se podía tocar con las manos, daban ganas de robar algunas. Los sonidos de la noche, los animales merodeando alrededor, las huellas de algunos que se podía ver por la mañana a 2 metros de las tiendas de campaña…esto no tiene precio. Y qué contar de las comidas alrededor de la hoguera. Lentas, pausadas, disfrutando de cada bocado después de 10 horas de remar, que aunque no era a un ritmo fuerte, provocaban que al final del día se sintiera un placentero cansancio. 
fuego listo para preparar la cena

                        Buffalo River es todavía más bonito que Current River, más grande, algo más profundo y algo más lento. Paredes verticales de roca, grandes bosques, algunas playas pequeñas, unas de arena, otras de pequeñas piedras, acompañan durante todo recorrido. El color verde con todas sus tonalidades predomina en el paisaje y es un auténtico gozo para los ojos. 
paredes verticales de roca...

...bosques frondosos

toda la gama de tonalidades del verde

                         El aire limpio a rabiar penetra por los pulmones y hasta cuesta menos respirar. El Buffalo River es afluente de White River, un rio todavía más grande en el que nos adentramos al tercer día. En algunos lugares de hasta 3-4 m de profundidad y hasta 200 m de ancho, este parecía ya una autovía. Con menos obstáculos y una corriente apenas perceptible, exigía más esfuerzo al remar. Pero después de casi una semana haciéndolo, esto ya no era ningún problema. Ni un tremendo chaparrón que cayó durante unos 45 minutos consiguió mermar mis fuerzas y menos aún mis ánimos. 
White River

garza gris
buitres al asecho
igual que nosotros las garzas pasaban de la lluvia

hay tantas que cada 50 m. había alguna marcando su territorio de caza
curiosa neblina después de la lluvia

y las truchas no paraban de picar

                        El sol que salió inmediatamente después, secó todo en nada de tiempo. A última hora del día llegamos al pequeño pueblo de Norfolk donde terminó nuestra aventura.
llegando a Norfolk

                        El día siguiente todavía salimos al río a pescar truchas (unas 45 piezas en 2 horas escasas) y después de devorarlas (algunas asadas, otras ahumadas) partimos de vuelta a casa. 

Resumiendo: Un viaje totalmente distinto, no es para todos, pero casi. Sobre todos a los que quieren desconectar del mundo, porque aunque lleven su móvil y su ordenador estarán desconectados. Se necesita un poco de preparación en el sentido de llevar cosas adecuadas y necesarias, y olvidarse de otras (ahí lo que menos importa es la ropa). Tampoco es un viaje caro ya que las provisiones se compra en supermercados (y en EE.UU son mucho más baratos) y el alquiler de las canoas es muy barato y asequible para todos. El gasto más importante es el billete de avión para llegar hasta allí, pero haciéndolo con bastante antelación se puede conseguir unas tarifas aéreas muy ajustadas. Así que, si no te importa dormir bajo las estrellas o en la tienda de campaña y quieres sentirse aventurero/explorador, esta es una opción extraordinaria. Lo malo es que una vez lo has probado, antes de volver, uno se plantea cuándo y dónde emprender otro descenso por algún río. 
P.D.
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